Por dos décadas y casi un lustro he habitado en esta tierra, que muchas veces está llena de visicitudes y abirragadas paredes. Plagada de engendros y anormalidades. Pero, que al mismo tiempo está atestada de toda clase de portentos. De las anécdotas más deseables en mi vida: que nuestros caminos se hayan cruzado, me ha producido tal dicha que podría fencer sin sufrir, sabiendo que no escasearon las vivencias a mi existencia.
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